8 de octubre de 2026 · Santiago de los Caballeros
Seis panelistas y seis delegaciones discutieron en Santiago de los Caballeros cómo pasar de usar la inteligencia artificial a producir con ella.

Un taller de muebles de Santiago de los Caballeros usa WhatsApp para atender a sus clientes, pero lleva el inventario en un cuaderno. Con ese ejemplo abrió Mercedes Aramendía, directora ejecutiva de la Alianza por la Infraestructura Digital e Internet Abierta (DIG.IA-LAC), su intervención en la Mesa 2 del 41.º período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), dedicada a la transformación digital, la inteligencia artificial y el desarrollo productivo: «Está conectado, sí, pero todavía no está transformado. Y ese taller […] es en general nuestra región». La frase resumió la tesis que recorrió la mesa durante hora y media la tarde del 8 de octubre de 2026.
La mesa la moderó el viceministro de Coordinación y Seguimiento Gubernamental del Ministerio de la Presidencia dominicano, Luis Madera Sued, que presentó la iniciativa República Dominicana Inteligente, con la meta de capacitar gratuitamente a un millón de personas en inteligencia artificial, no para formar programadores sino para que maestros, médicos, pequeños empresarios y servidores públicos trabajen mejor. Madera defendió una idea de soberanía digital que no equivale a hacerlo todo en casa: «significa que tengamos capacidades propias, opciones tecnológicas y la posibilidad de decidir cómo aprovecharemos esas herramientas para nuestro desarrollo».
Desde el Caribe anglófono, Craig Ramlal, presidente del Equipo de Tareas sobre Inteligencia Artificial de la Unión de Telecomunicaciones del Caribe y director del Centro de Innovación en Inteligencia Artificial de la Universidad de las Indias Occidentales, planteó la misma tensión desde la infraestructura. La inteligencia artificial, explicó, es una pila de capas —datos, cómputo, nube, semiconductores, energía, telecomunicaciones— y la región «habla de convertirse en líder en inteligencia artificial mientras importa cada una de las capas de las que depende» (traducción del OLDS). Recordó que la Declaración de Belize City, adoptada en el Caribe, es el primer documento político multilateral dedicado a las embajadas de datos.
Aramendía aportó las cifras del rezago productivo. El 9,1 % de las empresas latinoamericanas usa inteligencia artificial de forma activa, frente al 20 % en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); entre las micro, pequeñas y medianas empresas, que son el 99,5 % de las empresas formales y dan dos de cada tres empleos formales, la adopción baja al 6,6 %, frente al 17,4 % de sus pares de la OCDE. Su conclusión fue que la infraestructura digital «no es un sector más, es estrategia de desarrollo y es política productiva», y propuso una ruta concreta para llevar la inteligencia artificial a las pymes: diagnóstico, guías por sector con indicadores, clínicas de adopción con universidades y cámaras, bonos para la adopción y un tablero público de resultados.
Anne Lemaistre, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) para Cuba, la República Dominicana, Venezuela y Haití, recordó que la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial de 2021 sigue siendo el único marco normativo mundial en la materia, y que América Latina lleva la delantera en aplicarla: 20 países de la región han aplicado la evaluación de preparación para la inteligencia artificial de la UNESCO, y la tercera cumbre ministerial regional, celebrada en la República Dominicana en junio de 2026, aprobó una hoja de ruta para 2026 y 2027. «La inteligencia artificial debe estar al servicio de las personas y no las personas al servicio de la tecnología», dijo, en sintonía con la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, que citaron tres de los seis panelistas.
Pablo Bello, gerente de Transformación Digital del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), dio la vuelta al lema de la Secretaría Ejecutiva —«crecer para transformar»— y propuso su inverso: transformar para crecer. En quince años, dijo, la región avanzó mucho en acceso y uso de servicios digitales pero no en productividad, y advirtió que incorporar tecnología sin cambiar los procesos «es hacer más de lo mismo, simplemente con una I por delante». Pidió además menos hojas de ruta y más convergencia entre las que ya existen.
El rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Secilio Espinal, llevó la discusión a la producción de tecnología. Según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 que citó, América Latina y el Caribe generan el 6,2 % del producto mundial pero captan solo el 1,12 % de la inversión global en inteligencia artificial, y México y Brasil concentran el 68 % de la capacidad de investigación de los diecinueve países analizados. Como contraejemplo presentó el primer microchip diseñado por una universidad dominicana, del que se enviaron cincuenta unidades a fabricar en el extranjero, y propuso crear un espacio común de talento en inteligencia artificial y semiconductores para la región, con movilidad académica y laboratorios compartidos. Por conexión remota, el embajador especial para Tecnologías Emergentes de México, Ulises Canchola, anunció un foro regional de alto nivel en enero sobre el efecto de la inteligencia artificial en el ser humano.
En el turno de las delegaciones, Brasil anunció que asumirá en diciembre la presidencia de la estrategia digital regional eLAC, y Barbados, que acogerá del 23 al 26 de noviembre la segunda reunión del Panel Científico Internacional Independiente de las Naciones Unidas sobre Inteligencia Artificial. Jamaica informó que completó su evaluación de preparación con la UNESCO, y Panamá, que acaba de adoptar su estrategia nacional. Madera cerró la mesa con la pregunta que quedó abierta: «no es cuántas tecnologías seremos capaces de incorporar, sino cuánto desarrollo seremos capaces de generar a partir de ella».
La sesión dejó también un problema de medición que interesa a un observatorio. Dos panelistas describieron el peso de la región en la economía de la inteligencia artificial con cifras parecidas pero no equivalentes —un 6,3 % del producto mundial frente al 2,6 % del gasto en inteligencia artificial, en un caso, y un 6,2 % frente al 1,12 % de la inversión, en el otro—, porque provienen de fuentes que miden cosas distintas. Mientras la región no tenga una métrica común de adopción, inversión y capacidades, cada diagnóstico seguirá eligiendo su propia cifra, y la ruta de pymes que propuso Aramendía, que termina en un tablero de resultados, no tendrá con qué compararse.
Referencias:
- Programa oficial de la Mesa 2: periododesesiones.cepal.org/41
- Transmisión oficial de la CEPAL, 8 de octubre de 2026 (la mesa empieza en 8:23:11): YouTube
- UNESCO, Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial (2021): unesco.org
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