Hay más información pública para escoger un carro que para escoger una universidad: la propuesta del OLDS al MESCyT

Portada del documento «Información para el MESCyT» entregado por el OLDS y la Fundación Dominicana Compite en 2021

Una familia dominicana que va a decidir en qué universidad estudia un hijo dispone de menos información objetiva que si fuera a comprar un carro o a tomar una posición en la bolsa. Las tres son inversiones. La última es la que más determina una vida.

Ese es el vacío que el Observatorio Latinoamericano de Desarrollo Sostenible (OLDS), en alianza con la Fundación Dominicana Compite, sometió al Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) en marzo de 2021, con una hoja de ruta concreta para cerrarlo.

El diagnóstico: cinco huecos, no uno

El problema se suele enunciar como falta de calidad. Es más preciso enunciarlo como falta de información sobre la calidad, que es otra cosa y se resuelve de otra manera.

  1. No hay un sistema nacional consolidado que certifique la calidad de los programas. Sin él, cada familia hace su propia investigación, casi siempre superficial y dominada por la reputación y la publicidad.
  2. Cada universidad acredita con quien quiere. Las acreditadoras internacionales difieren en sus estándares, de modo que dos programas «acreditados» no son comparables entre sí.
  3. No se conocen los métodos ni los períodos de habilitación de las instituciones para ofrecer sus programas. Es probable que varios no se hayan actualizado desde su creación.
  4. El intercambio académico internacional es insuficiente, lo que aísla al sistema de las tendencias globales. El riesgo no es reputacional: es que la desactualización profesional excluya a los egresados del mercado laboral.
  5. No existe monitoreo del ingreso al mercado laboral de los recién graduados, ni se conocen las tasas de éxito profesional por institución.

El MESCyT venía avanzando desde 2016 en el Sistema Dominicano de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (SIDACES), recogiendo las experiencias discontinuas de la Asociación Dominicana para el Autoestudio y la Acreditación entre 1987-1990 y 2002-2008. No estaba —ni está— completamente funcional.

Por qué Colombia como contraparte

No por afinidad diplomática. Por una razón verificable: Colombia lleva 28 años operando su sistema de acreditación, y en 2021 tenía dos universidades entre las diez mejores de América Latina, superada solo por Brasil (QS, 2021).

Más relevante para este caso: Colombia no solo acredita, publica. Y ese es exactamente el eslabón que falta en República Dominicana.

La propuesta

Instrumento Qué resuelve
Registro calificado de programas, con renovación condicionada a actualización curricular y estadísticas de pertinencia social El hueco 3: programas que envejecen sin que nadie lo note
Pares evaluadores recíprocos — docentes, rectores y representantes participando en los procesos de acreditación de ambos países El hueco 4: aislamiento, y de paso transferencia de criterio
SNIES — Sistema Nacional de Información de la Educación Superior El hueco 1: información pública y comparable por programa
SPADIES — Sistema para la Prevención de la Deserción Deserción, que hoy no se mide
SIET — Información de Educación para el Trabajo y Desarrollo Humano Formación técnica, fuera del radar
OLE — Observatorio Laboral para la Educación El hueco 5: qué pasa con el egresado
ScienTI / CVLAC — hojas de vida de investigadores Producción científica, hoy sin registro

Ninguno de esos sistemas hay que inventarlo. Existen, funcionan y su transferencia es precisamente lo que una agencia de cooperación bien montada debería gestionar.

La discusión sobre calidad de la educación superior no avanza mientras el Estado no publique, en formato comparable, qué programa produce qué resultado. Sin esa información, la política pública opera a ciegas y la familia decide por reputación.

Lo que esto exige, más allá del documento

La propuesta señalaba dos condiciones que no dependen del MESCyT: la constitución de una agencia dominicana de cooperación que gestione este tipo de transferencia de forma ordenada —propuesta que el OLDS desarrollaría en detalle en 2022— y el trabajo activo de las embajadas de ambos países.

Cinco años después conviene formular la pregunta en los términos que permite el dato: ¿cuántos de los cinco huecos siguen abiertos, y qué indicador público permitiría saberlo?


Documento: Información para el MESCyT (OLDS y Fundación Dominicana Compite, 2021).

0 Comentarios