La paradoja de la cobertura: el sistema de salud dominicano cubre al 97 % de la población, y ahí empiezan sus problemas

Conferencia magistral del OLDS en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), 16 de marzo de 2026.

El sistema de salud dominicano es el sector donde el país más ha avanzado hacia la Agenda 2030 y uno de los cinco que el Estado declara como prioritarios en su alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Y es también donde se concentran las distorsiones que amenazan su sostenibilidad.

Las dos cosas son ciertas a la vez, y esa tensión fue el objeto de la conferencia.


De dónde sale este análisis

Desde 2020 el OLDS mantiene una serie de informes sectoriales y por ODS sobre la realidad política, económica y social dominicana. El capítulo de salud —«Diagnóstico de los avances en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3: Salud y Bienestar en la República Dominicana hasta 2020», publicado con la Fundación Dominicana Compite— es la línea de base de lo que sigue.

Esa serie está en proceso de actualización, incorporando las proyecciones sobre el horizonte del sistema de salud ante la disrupción tecnológica en curso.

La premisa que ordena el trabajo: la salud no es un indicador clínico, es un indicador multidimensional del desarrollo nacional. Dice hacia dónde transita un país, no solo cómo están sus hospitales.

Acto I — El salto institucional, que es real

Fuente
Hospitales entregados o remozados en cuatro años 51 Servicio Nacional de Salud (SNS)
Centros de atención primaria más de 570 SNS
Cobertura del Seguro Familiar de Salud 97 % de la población, más de 10 millones de afiliados Sistema Dominicano de Seguridad Social

Ese 97 % se compara con un promedio de América Latina en torno al 43 %, y con una cobertura dominicana que antes de la reforma rondaba el 18 %. Es el salto de política social más grande del período.

A eso se suman avances epidemiológicos que la conferencia destacó: el control del dengue, un modelo de seguimiento de la hipertensión que creció con rapidez, y la respuesta a las intoxicaciones por alcohol adulterado.

Y el dato comparado: en el índice global de cumplimiento de los ODS, República Dominicana pasó del puesto 73 en 2020 al 55 de 167 países en 2024, con 73,10 puntos —por encima del promedio de América Latina y el Caribe, de 70,1— según informó el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD). Es uno de los países de la región que más posiciones ha ganado.

Nada de lo que sigue niega esto. Todo lo que sigue existe porque esto ocurrió.

Acto II — La paradoja de la cobertura

Hay un choque entre la estadística oficial y lo que viven los pacientes.

El carnet no garantiza acceso. Ese 97 % es afiliación nominal. Entre la afiliación y la atención efectiva se interponen barreras concretas:

  • Copagos. República Dominicana es el cuarto país de América Latina y el Caribe con mayor gasto de bolsillo en salud: los hogares aportaron directamente el 44,7 % del gasto total en salud, y el 55,3 % de ese desembolso se va en productos farmacéuticos (ENESIM 2018, Oficina Nacional de Estadística). Un gasto de bolsillo alto no solo encarece: empobrece, y funciona como barrera de acceso para quien menos puede pagarlo.
  • Catálogo limitado de servicios y medicamentos.

La inequidad territorial se ha reducido y hay más accesibilidad que antes. Pero la fragilidad financiera de las familias convierte la cobertura nominal en una promesa que no siempre se cumple.

La inflación médica: el problema que nadie va a poder ignorar

Mientras el Banco Central proyecta una inflación general en torno al 4,5 %, los costos médicos se estiman creciendo entre el 10 % y el 11 % — más del doble. Los precios de bienes y servicios de salud acumulan cinco años consecutivos de incrementos por encima de la inflación general.

Tres causas, y ninguna es coyuntural:

  1. Envejecimiento poblacional. La demanda se desplaza hacia enfermedades crónicas no transmisibles y tratamientos de alto costo. Es una tendencia planetaria y aparentemente irreversible.
  2. El costo de la innovación. Cada medicamento nuevo arrastra inversiones masivas en investigación y desarrollo que terminan cubiertas por el sistema.
  3. Déficit de atención primaria. El sistema sigue siendo hospitalocéntrico: atiende la enfermedad cuando ya ocurrió, en vez de retrasarla o evitarla.

La proyección que se desprende es incómoda: los servicios de salud van a ser más caros y más lentos a la vez, mientras la formación de profesionales de salud se estanca.

Una advertencia metodológica sobre el diagnóstico del costo

La explicación más repetida del encarecimiento apunta a aseguradoras y farmacéuticas. Puede ser parte de la respuesta, pero no alcanza para explicar la magnitud: el peso relativo de la carga de enfermedad crónica evitable y del modelo hospitalocéntrico opera sobre el costo con independencia de quién asegure.

El punto no es exculpar a nadie. Es que si el diagnóstico del costo está mal hecho, la reforma que se diseñe sobre él también lo estará — y esa es una afirmación que exige medición, no convicción. Es medible con la estructura de gasto que ya publica el sistema, y hoy no se publica desagregada.

Acto III — Las fallas sistémicas

Mortalidad evitable. República Dominicana cerró 2025 con 177 muertes maternas y 1.819 muertes infantiles (Ministerio de Salud Pública, corte al 27 de diciembre de 2025). Buena parte responde a causas evitables —asfixia perinatal, infecciones, malnutrición—. El indicador viene mejorando: el Servicio Nacional de Salud reportó una reducción del 57,5 % en mortalidad materna en el primer trimestre de 2026. Sigue siendo mortalidad que no debería ocurrir.

La atención en la zona fronteriza. Los hospitales de frontera y los maternos del área atienden a población migrante haitiana en situación de vulnerabilidad, con frecuencia sin documentación y sin afiliación al Seguro Familiar de Salud. De las 177 muertes maternas de 2025, 76 correspondieron a mujeres haitianas.

El problema no es quién llega: es que esa atención no tiene instrumento de financiamiento. Se presta —como corresponde a una obligación sanitaria y de derechos humanos— pero se cubre con presupuesto asignado a otra cosa, sin registro diferenciado y sin previsión. Mientras eso siga así, ni se dimensiona el costo real ni se puede movilizar cooperación internacional para cubrirlo, que es la vía por la que otros países financian atención en frontera.

La epidemia silenciosa del asfalto. Es la que menos se nombra y una de las que más mata:

Fuente
Muertes por siniestros de tránsito al año cerca de 3.000 INTRANT / Oficina Nacional de Estadística
Que involucran a conductores de motocicleta 68,7 % INTRANT
Motocicletas registradas frente a licencias para conducirlas 3,58 millones frente a 10.827 licencias INTRANT, marzo de 2025
Posición mundial en mortalidad vial entre las más altas del mundo; segundo de las Américas Organización Mundial de la Salud

El contraste entre 3,58 millones de motocicletas y menos de once mil licencias para conducirlas no es una anécdota administrativa: es la variable sobre la que se puede intervenir.

Llamarla epidemia no es una figura retórica: mata como una epidemia, es prevenible como una epidemia, y a diferencia de una epidemia, nadie la declara.

La materia pendiente que lo condiciona todo: los datos

Aquí aparece la brecha menos visible y más determinante.

Una parte relevante de los indicadores de salud que el país necesita para el seguimiento de los ODS está desactualizada, dispersa entre instituciones o sencillamente no es accesible — mientras otros países de la región reportan series completas. Eso no solo degrada la toma de decisiones: limita la producción de investigación, que es asunto directo de la academia.

Cuantificar esa brecha es el primer trabajo pendiente, y es uno que el observatorio puede hacer: no existe hoy una medición pública de qué proporción de los indicadores del ODS 3 dominicano está disponible, actualizada y desagregada.

Un sistema de salud que no conoce a sus pacientes es un sistema ciego, y lento para decidir. Con la información adecuada se reducen fricciones, se bajan costos y se previenen casos.

El récord médico digital, universal e interoperable

Es la deuda concreta. No puede ser que en pleno siglo XXI una persona tenga que llevar sus papeles en la mano de un médico a otro y de un laboratorio al siguiente, con el riesgo de trazabilidad y de seguridad que eso implica.

La objeción habitual —que centralizar expone los datos— funciona al revés de como suena: un sistema unificado bien diseñado es más seguro y más privado que una serie de silos dispersos, donde la protección de los datos depende de la ciberseguridad de un consultorio pequeño o de un laboratorio privado cualquiera.

No hace falta inventarlo ni pagarlo entero. Existen sistemas de historia clínica de software libre y código abierto —GNU Health entre ellos— en operación en países con menos capacidad financiera y tecnológica que República Dominicana, y la salud pública internacional lleva años apoyándose en plataformas abiertas de este tipo.

Soberanía de datos: el temor tiene respuesta técnica

El miedo razonable es que los datos clínicos reportados sirvan para entrenar modelos ajenos, o que se expongan. La respuesta ya existe: hay una proliferación de modelos de código abierto que se ejecutan en local, en un computador corriente, analizando información de forma completamente privada y desconectada de internet.

Y el país acaba de dotarse de la capa de infraestructura para hacerlo en serio: los convenios del Estado dominicano con NVIDIA —cómputo para inteligencia artificial— y con Google —centros de datos y puerto digital—. Que el Gobierno trate la tecnología como activo estratégico, y no solo en clave de seguridad, es esperanzador.

De la salud reactiva a la salud preventiva

Prevenir no es dar una charla. Es un conjunto de acciones e inversiones orientadas a decidir por anticipado, y eso exige datos clínicos organizados, infraestructura clínica monitoreada en tiempo real, e identificación anticipada de necesidades. Procesar todo eso hoy es mucho más rápido y barato que hace unos años.

La lección de la pandemia que ya se está perdiendo

Durante la COVID-19, muchos Estados construyeron herramientas de vigilancia sintomática. En Colombia, CoronApp llegó a 9,7 millones de descargas y 5,8 millones de usuarios activos en junio de 2020, en un país de 50 millones de habitantes, con personas reportando su sintomatología cada semana o cada mes (Ministerio TIC de Colombia). En términos de datos, eso era enormemente potente.

Casi todo aquello se abandonó apenas dejó de hacer falta.

Es un patrón que se repite y que cuesta caro: si un país avanza en tecnología de salud, esos avances deben sostenerse por política de Estado o por pacto entre sector privado y academia. Reconstruir lo que ya se hizo es factible, pero se necesitará dentro de uno o dos años, o cuando llegue la próxima pandemia — y entonces no habrá tiempo.

Lo que ya llevamos puesto

Buena parte de la población carga sensores: relojes y anillos inteligentes que miden frecuencia cardiaca y oxigenación en sangre de forma continua. Su uso crece con rapidez, y los datos agregados y anonimizados de estos dispositivos ya alimentan estudios de salud poblacional. La posibilidad de monitorear salud en tiempo real está más cerca de lo que parece — lo que falta es el marco para que un sistema público la aproveche.

Inteligencia artificial para humanizar, no para deshumanizar

El debate suele plantearse como si la IA fuera a deshumanizar la atención. Puede ocurrir lo contrario, y por una razón concreta: el trabajo de un médico, de enfermería o de un cirujano está cargado de burocracia —frente a una pantalla, anotando—. Ya existen sistemas que automatizan esa carga.

Quitar la pantalla de en medio devuelve al médico la mirada del paciente. Ese es el uso de la IA que más impacto tiene en salud, y no es el que se discute.

Un decálogo para la revolución sanitaria dominicana

Presentado junto al embajador Fausto Jáquez, sobre una premisa: el primer responsable de la salud es el ciudadano, no el sistema. Estos son los puntos enunciados en el acto.

  1. Centralidad del autocuidado y la familia — aplicaciones de salud personalizada con IA para que cada familia monitoree sus indicadores básicos.
  2. Educación nutricional — trazabilidad nutricional para combatir en la base las enfermedades crónicas. La salud entra por la cocina.
  3. Seguridad hídrica — sensores en tiempo real de potabilidad. El agua segura es el primer medicamento de una nación.
  4. Higiene y gestión de alimentos — digitalizar las certificaciones de manipulación y elevar el estándar por educación digital masiva.
  5. Cultura del movimiento — que la seguridad social incentive la actividad física por edad, para bajar la carga fiscal del sedentarismo.
  6. Abordaje predictivo de las adicciones — identificar patrones de consumo e intervenir en salud mental antes de que la adicción golpee a la familia y a la productividad.
  7. Telemedicina — medicina especializada en cada provincia, menos costo de transporte y menos listas de espera.
  8. Historia clínica única e interoperable — récord digital compartido entre público y privado. Que la información siga al paciente, y no el paciente cargue con sus papeles.
  9. Evolución del gremio médico — que el colegio médico pase de un rol sindical a una autoridad de calificación ética y técnica, con certificación validada por pares que funcione como escudo jurídico frente a la judicialización de la práctica médica.

El cierre fue un llamado a abandonar la zona de confort de la ineficiencia, y una frase que resume la tesis: la salud no es una mercancía; es el cimiento de la soberanía nacional.

Lo que el observatorio va a seguir

Cuatro indicadores permiten evaluar esta transición sin discutir intenciones:

  1. Gasto de bolsillo como porcentaje del gasto total en salud, y su evolución.
  2. Disponibilidad de datos de salud para el seguimiento del ODS 3: qué proporción de los indicadores está publicada, actualizada y desagregada.
  3. Mortalidad vial, con desagregación por tipo de vehículo.
  4. Mortalidad materna e infantil evitable, con la serie completa y no solo el último dato.

El OLDS publicará la actualización del diagnóstico sectorial con esas series.


Fuentes: conferencia magistral del OLDS en la Universidad Católica Santo Domingo · registro en video del acto completo (canal de la UCSD) · Servicio Nacional de Salud · Ministerio de Salud Pública · Sistema Dominicano de Seguridad Social · Oficina Nacional de Estadística (ENESIM 2018) · INTRANT · MEPyD · Ministerio TIC de Colombia · Diagnóstico del ODS 3 en la República Dominicana hasta 2020 (OLDS y Fundación Dominicana Compite, CC BY 4.0).

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