Presidenciales 2018: holgadas y confusas, ¿originales?

Coalición por allí, miedo por allá, información falsa por arriba y ataques infundados por abajo. Toda una plaza de mercado se ha desatado en la contienda por un trasteo a la Casa de Nariño.
 
Buena parte de la historia democrática de este terruño llamado Colombia se ha caracterizado por llevar una bandera doble faz, bifurcando obligatoriamente las decisiones de la población. Hoy, los colombianos nos hemos encontrado ante un fenómeno político dominguero, donde hay que alistar la pinta de la misa, el sombrero del cumpleaños, el listón para el cabello y concurrir al ágora bañada de mercado a contagiarnos de los diferentes olores, sabores, colores y mezclas. Este camino a la presidencia ha estado marcado por una dinámica visible de “se le tiene el candidato ¿cómo lo buscaba?”. Así, no es un secreto que con esta coyuntura el menú de propuestas sea tan amplio y acaparador, un confuso espacio donde cabemos todos y donde moran tanta cantidad de convicciones y opiniones, como rigurosas líneas de división que acaban por tornar difuso el proceso de decisión. ¿Por qué?
 


Sin dar espera a un avance tecnológico y de acceso a la información evidente, los que gozamos del gentilicio “colombiano” hemos advertido que en la dinámica de la bandera doble faz y caminos bifurcados, quienes han ido de cabrestero han convergido con galeones sin tesoro, tambores alegres, rollos de pergamino, velas encendidas, lagunas celosas y orquídeas marchitas; racimos de rompecabezas que fueron generando un sentimiento de insuficiencia y alentando ánimos a la apertura de caminos novedosos. A medida que el sentimiento fue acuñándose a lo largo de los últimos 10 años, se empezó a contemplar la palabra cambio como un concepto constante, que abarcaría toda la cantidad de matices políticos posibles. Entonces, no es de extrañar que la petición diversa de cambio por parte de quienes habitamos este gran Macondo se hiciese viral y necesaria, añadiendo que existe una nueva generación de población votante por la que se juegan los partidos tradicionales y nuevos.

Esto dio paso a que surgiera una ola de apertura de oferta política que en este mismo período de elecciones se dio a conocer con todo su fervor. Las propuestas sobre las mismas temáticas presentan diferentes escenarios entre los candidatos, conociendo que cada uno abandera un propósito central. En aspectos de seguridad ponemos ojos en Iván Duque, sin dejar de mencionar que se une al proceso de búsqueda de la paz, donde nos dirigimos a Humberto de la Calle; luego tenemos a Germán Vargas Lleras con una política de infraestructura y reforma tributaria, con énfasis en la institucionalidad, Gustavo Petro, por su parte, se fundamenta en cambio climático con una economía democratizada y Sergio Fajardo que, junto con su fórmula y la coalición, abandera la lucha contra la corrupción y expone a la educación como su prioridad.

Y aquí estamos, en este día de mercar y unas elecciones con carácter de plaza donde tenemos todos una oportunidad de compra que se acomode a nuestros gustos.
 
Con las coaliciones que fueron posibles, un sentimiento expectante de sorpresa, aunado a la cantidad de debates que, en comparación con las anteriores, sobrepasan lo usual, es posible aseverar que esta trocha que conduce a la presidencia se jacte de holgada y confusa y, en definitiva, muy original.
Ahora, solo nos resta esperar al cierre de urnas y ver qué tan original resulta siendo el final de esta carrera.
 
Entonces, camine a mercar, favor fijarse bien que la fruta no esté muy magullada, que el café tenga buen aroma, que la papa no tenga tantos ojos y que la cuajada esté fresquita.

Se le tiene candidato.

Adelaida Patricia Acosta Betancourt
 Directora Internacional
Miembro de la Mesa Temática de Participación Política (MTPP)

*El Observatorio Latinoamericano de Desarrollo Sostenible - OLDS es una institución con un marcado enfoque técnico, por ello, las opiniones acá presentadas son responsabilidad de su autor y pueden no representar la posición institucional del OLDS.