A propósito de las encuestas electorales

Lo más efectivo puede resultar ser lo más simple, saber leer las encuestas a partir de la ficha técnica y no juzgarlas desde lógicas de absoluta objetividad.

En las últimas semanas y cada que se acerca más el día de las elecciones presidenciales, las encuestas electorales adquieren gran protagonismo, positivamente para algunos y negativamente para otros. Los últimos resultados evidencian el despegue del candidato Iván Duque por el Centro Democrático seguido por Gustavo Petro, cosa que causó gran controversia en la opinión de algunos, acusando a dichas encuestas de amañadas. Lo cierto aquí, es que las encuestas siempre se convertirán en instrumento de acción política por parte de las campañas, los partidarios y los seguidores de los candidatos, los cuales aceptarán o no los resultados según su conveniencia.

Desde el año 1936, en el que parecieron las primeras encuestas electorales y el triunfo en predicción de la victoria de Roosevelt por parte de la encuesta diseñada por George Gallup, estas han convivido con la democracia hasta al momento, a pesar de que en muchas ocasiones se equivoquen, se presenta la necesidad de hacerlas y aunque su impacto en la opinión no se pueda medir, claramente no es de ocultar que muchas personas se pueden ver influenciadas por las mismas.

Por lo anterior, las encuestas siempre han guiado las estrategias de las campañas. En la década de los 60 Jhon F. Kennedy fue el primer candidato presidencial en utilizar las encuestas para el diseño de su estrategia de campaña; las encuestas evidenciaban los anhelos de los hogares de enviar a sus hijos a la universidad, por lo que Kennedy dirigió su mensaje a priorización de la educación y su calidad. Además, para diseñar su ruta de campaña, no viajó a los estados en donde las encuestas no evidenciaban apoyo a su candidatura.

En Colombia, el inicio de las encuestas electorales con diseños y controles estadísticos, y su discusión en los medios de comunicación datan desde las elecciones presidenciales de 1970. Ejemplo de ello es el estudio de análisis de la votación presidencial en Bogotá de 1970 realizada por Rodrigo Losada del departamento de ciencias políticas de la Universidad de los Andes y la creación de firmas encuestadoras como Consumir de Oscar Lombana.

En consiguiente, la constitución confiere al Consejo Nacional Electoral (CNE) la facultad de velar por el cumplimiento de las normas sobre publicidad y encuestas de opinión política (Art 265-5), teniendo registradas cerca de 188 firmas encuestadoras. Uno de los problemas relacionados con las firmas encuestadoras es sobre su imparcialidad, seriedad técnica y ética. En Colombia varias firmas se han creado con fines de manipulación de la opinión pública por parte de algunos sectores políticos y debido a esto se han expedido una serie de reglamentaciones. La primera en torno a este problema fue la resolución 23 de 1996 por parte de la Registraduría y el CNE, en la cual se fijó la obligación de divulgar la ficha técnica y se creó el registro de firmas encuestadoras. Para el año 1997 por medio de la Resolución 50, se precisaron los requisitos de la inscripción y se determinó que a partir de esa fecha el registro tendría una vigencia de dos años. Desde ese tiempo se han endurecido las reglamentaciones.

Por otra parte, existe una enorme responsabilidad en la forma en que se publican las encuestas, por lo que el artículo 7 del decreto 2033 de 2015 exige lo siguiente: “De las encuestas, sondeos y proyecciones electorales. Toda encuesta opinión de carácter electoral al ser publicada o difundida tendrá que en su totalidad y deberá indicar expresamente la persona natural o jurídica que la realizó y la encomendó, la fuente de su financiación, el tipo y tamaño de la muestra, tema o temas concretos a los que se refiere, las preguntas concretas que se formularon, los candidatos por quienes se indagó, él y la fecha o período tiempo en que se realizó y el margen de error calculado” (Decreto 2033 de 2015).




Debido a la manipulación de las encuestas electorales y sus naturales sesgos ya sea en el diseño, implementación y hasta cierta responsabilidad del encuestado, se ha creado la necesidad de evaluarlas. En Colombia esta práctica no es tan habitual como en otros países, por ejemplo, en Estados Unidos las encuestas electorales han sido evaluadas por juiciosos estudios académicos.

Uno de los principales inconvenientes es la representatividad de la muestra dado que siempre lleva consigo errores, aun así existe numerosa literatura para corregir tales errores, como cuantificar e identificar sus impactos para atenuar sus consecuencias. Aunque este problema responde en mayor medida a la capacidad logística y de recursos de las firmas encuestadoras, y la viabilidad económica de realizar una encuesta que incluya métodos mucho más sofisticados y complejos para evitar el sesgo y evidenciar aspectos como el voto oculto, las maquinarias políticas, entre otras.

También, cabe resaltar que las firmas encuestadoras, en la mayoría de los casos, hacen las encuestas en solicitud de algún tipo de cliente, que pueden ser medios comunicación, organizaciones privadas,  públicas y hasta partidos políticos para su consulta interna. Por lo cual las técnicas y recursos para realizar las encuestas electorales depende en cierto punto de lo que desee el cliente.

Aun así, lo más efectivo puede resultar ser lo más simple, saber leer las encuestas a partir de la ficha técnica y no juzgarlas desde lógicas de absoluta objetividad. Para esto se debe entender lo siguiente de las encuestas electorales:

- Espacio−temporal de predicción: aunque las encuestas electorales puedan llegar a acertar con el resultado final de la votación y sus técnicas presentan cierta predictibilidad, lo cierto es que la encuesta pierde vigencia en el instante mismo de su publicación y su predicción solo repercute en el presente, es decir las encuestas electorales no dan razón de algún futuro.

- Carácter cambiante de la opinión política: esto tiene que ver con el punto anterior, la opinión pública es claramente cambiante en su mayoría, más en contextos con apatía política o abstencionismo; por esto, en realidad las encuestas nunca fallan, ya que su razón de ser no es ver los cambios sino solamente el momento.


- Estimación y voto directo: las encuestas simplemente estiman o describen la realidad del entorno electoral, es decir la información que suministran no tiene un carácter de indiscutible, el voto directo es el único que lo es.

- La publicación de las encuestas: en muchos casos la ficha técnica no es suficiente para la valoración de la encuesta, pero los medios presentan un análisis simplemente de los resultados, es necesario presentar también una valoración técnica y sí no, se recomienda no dejarse llevar por análisis apresurados rectificando por cuenta propia la encuesta en su totalidad.

- Es mejor que las encuestas electorales no solo presenten información sobre la intención de voto, sino también sobre el origen de esta intención, es decir que realicen otras preguntas más allá de que si se va votar o se prefiere un candidato, si se desconoce el posible origen de esta intención las encuestas pueden estar viciadas por fuertes sesgos.

Adicionalmente, las encuestas suponen inadecuadamente que todas las personas tienen la capacidad de ofrecer una opinión, aunque suena muy antidemocrático, para esto es necesario crear preguntas filtro que generen congruencia entre las respuestas. Se cree también, que todas las opiniones tienen el mismo peso, lo que no es cierto en la práctica, puesto que se construyen liderazgo de opinión no solo en los medios sino hasta en grupos muy pequeños (amigos, familia, organizaciones, etc). Finalmente, mas allá de la técnica utilizada, de quien sea el financiador de la encuesta y de las limitaciones técnicas que afectan la interpretación de los resultados, lo importante es comunicar éticamente los resultados o saber leer la encuesta.

Andrés David Moreno Galindo 
Director de divulgación 
Investigador 
Observatorio Latinoamericano de Desarrollo Sostenible - OLDS


*El Observatorio Latinoamericano de Desarrollo Sostenible - OLDS es una institución con un marcado enfoque técnico, por ello, las opiniones acá presentadas son responsabilidad de su autor y pueden no representar la posición institucional del OLDS.